CUENTO DE NAVIDAD

EL MIRADOR DEL HACHO

Pepe Jiménez @jjmdruso

CUENTO EN NAVIDAD

El yo sin el nosotros o lo que vendría a ser lo mismo, un todo para mí y, si acaso, lo tuyo entre ambos. En sentido opuesto, llega la Navidad como uno de los tiempos más beneficiosos para la pedagogía hogareña, sin las escuelas que ya quedan vacías y centrados en los valores más notorios de este tiempo que se promueven dentro del núcleo familiar. Instantes de contrastes que son percibidos al pasear unidos por las coloridas calles de las ciudades en las que la pobreza o la opulencia nunca pasan largo a los ojos infantiles. 

Todos sabemos que es la Navidad ese maravilloso tiempo en el que más se respira generosidad, gratitud, solidaridad y hasta esa reconfortante paz que puede llegar a darse con la reconciliación y el encuentro. No deja de ser curioso este paralelismo anual -solsticio de invierno- en el que también los romanos celebraban las Saturnales, unas fiestas paganas en honor a Saturno, su dios de la agricultura y las cosechas en donde el sol sale más tarde y se pone más pronto. En ellas, se decoraban las casas con plantas, además de encenderse velas por la llegada de una nueva luz. Amigos y familiares se hacían regalos entre los que siempre estaba la entrega de figurillas hechas en barro.

Pero si hay algo que no se debe perder con la Navidad son sus cuentos. Me pregunto a menudo por qué costará tanto en el ambiente hogareño, tan rodeados de dispositivos tecnológicos, dedicar algo de tiempo a los niños, separarlos un poco de la tableta o el móvil en el que juegan para abrirles gracias a la lectura, las puertas de la imaginación a través de un cuento. Entre tantos autores, un gran aliado podría ser Dostoievski, no ya por sus inigualables cuentos de Navidad sino porque con su obra supo dar auténticas lecciones sobre las pasiones del ser humano y la sociedad que lo rodea. Imborrables sus frases en las que siempre destaca la que decía: “el verdadero infierno es la ausencia de los demás en mi vida”, haciendo ver la importancia del sentido común y la cooperación como valor indispensable en las colectividades.

Sin embargo, y lejos de la cultura occidental, bien podría venir al caso en estas anteriores consideraciones un viejo cuento oriental que sintetizado podría quedaría así:

“Hace muchísimo tiempo, un aprendiz preguntó a su maestro cual era la diferencia en el cielo y el infierno, a lo que le respondió que él mismo podría encontrarlo si atendía a su narración de que en la antigüedad,  un sabio visitó el infierno. Allí pudo ver mucha gente sentada alrededor de una mesa con una montaña de arroz y otros exquisitos manjares. A pesar de ello todos los comensales estaban muy tristes ya que por fuerza tenían que comer utilizando unos palillos tan largos como un remo. Esta circunstancia hacía que por mucho que estiraran sus brazos, nunca conseguían llevarse nada a la boca, de ahí que estuvieran tan famélicos y en una hambruna eterna, pese a tanta comida expuesta. Tal era su fatalidad, hombres y mujeres muertos de hambre en su soledad.

Quedó tan impresionado que salió del infierno para subir al cielo. Con gran asombro allí comprobó que las circunstancias eran las mismas, esto es, muchos comensales e iguales manjares. A diferencia, las caras tenían un semblante alegre y se respiraba salud y bienestar a raudales. Percibió que la razón no era otra que el sentido de colaboración, ya que cada individuo con sus palillos alimentaba a las demás personas que tenía frente a sí. Saciaban su hambre mediante una gran comunión fraternal, solidarios y gozando de toda la comida disponible”.

Esta historia contrasta radicalmente con las circunstancias de hoy donde el individualismo nos lleva a aislarnos, rumbo a un pequeño mundo particular en el que conectamos con una superficial sociedad virtual que nos ofrecen las redes sociales y la amistad intangible. Poco tacto y mucho dígito, esa es nuestra particular estrella a seguir, cual reyes orientales. El yo, sin el nosotros, tal vez el pequeño infierno en el que nos quieren introducir paulatinamente los grandes grupos de presión para que no haya muchos obstáculos a la hora de consumir y hasta endeudarnos por cosas que tal vez ni necesitemos e impresionar a gente que probablemente ni conocemos.

En tiempo de Navidad, quizá no estaría mal recordar la importancia de la solidaridad, la gratitud y como no de aprovechar buenos momentos de reencuentro con amigos, alumnos  y familiares.

Fotografía. Uno de los tradicionales encuentros  navideños en el Ceper Ignacio de Toledo de Antequera.

Artículo publicado en el Especial de Navidad de El Sol de Antequera. Año 2021.

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