EL MIRADOR DEL HACHO
Pepe Jiménez @jjmdruso
Quien no recuerda de su juventud aquellos curiosos malabaristas que de vez
en cuando aparecían en la televisión mostrando una peculiar habilidad
circense. No era otra cosa que un juego del que ya se tiene constancia desde
la edad media y que consistía en hacer girar con la mano unos particulares
platos cónicos sobre una delgada y a la vez flexible varilla. A mayor longitud de
esta varilla, mayor velocidad se le podía aplicar al plato y a mayor número de
platos sobre varillas, mayor era la constatación de la habilidad del individuo que
protagonizaba el espectáculo.

Eran números en donde se palpaba mucha tensión en la persona que operaba
sobre los elementos del juego pues cada vez que se hacía girar un nuevo plato,
irremediablemente se apreciaba que los que se pusieron a bailar al principio
decaían en su velocidad de giro y caerían. Paralelamente, esa inquietud
también se percibía en quienes observaban el número, ya que sobre ellos
aparecía una sensación de impotencia y tensión al no poder hacer nada para
avisar o remediar el problema.
Tal está el mundo hoy, con la sensación de que cuando arreglamos una
cuestión, parece que otra que ya estaba en equilibrio empieza a decaer. A
tenor de las noticias que se leen, supongo que otro tanto ocurre en los que nos
están dirigiendo en cualquiera de sus ámbitos de competencia. El plato del
“fuego amigo” parece ser uno de los principales causantes de que ya nadie se
fie ni del más cercano, aunque sea de los suyos.
Pero si verdaderamente alguien tiene la sensación del malabarista en este país
son los propietarios de las librerías, ya que cada vez se lee menos y las
plataformas digitales o los centros comerciales son una competencia
demasiado feroz. Como cada once de noviembre, la comunidad celebra el Dia
Internacional de las Librerías y en esta semana otoñal en la que coincide, no
estaría de más reflexionar y también apoyar a esas personas emprendedoras
que llenan de libros las estanterías de sus comercios.
Escribía Unamuno que “cuanto menos se lee, más daño puede hacer lo que se
lee”. Ojalá la calidad de vida de las ciudades, su grandeza, su patrimonio y
verdadero valor, dependiera de la cantidad y calidad de sus librerías.

Artículo publicado en el Sol de Antequera el 13 de Noviembre de 2021



